Los planes del Movistar
Para Quintana
Son como los del resto de España.
Sea amable, indiecito,
Lléveme pronto al líder
Cargado a cuestas por la montaña.
Pero como todos los planes
Trazados desde la Madre Patria
Nada salió como se pensaba.
Jamás hubo especias ni Indias,
El dorado era una mentira.
Los comendadores no sabían
Precisamente
Si la montaña era virgen
O la virgen montaña.
Demasiada coca y mucha pachamama
Hacían sospechosa tanta sumisión.
Calma chicha la llamaron:
El indio, aunque ya poco,
Se alborotó,
Y el negro, aunque encadenado,
Se les escapó.
Al resto pues,
Se le asfixió.
¡Insoportable!
El Rey todavía manda a callar.
Sus Jaurías, que ya solo ladran,
(Ases, marcas o El País),
Se empeñan en partir troncos
Que dicen podridos de tiempo atrás.
Ese pasado, lleno de órdenes de capataz,
Suena muy seguido en el encierro actual:
Compran agua de los Andes
Para hacer lamer;
Cambian de nombre a los sistemas públicos de salud,
Y hacen doler;
Extienden cables largos de comunicación
Para Mentir y vender.
Es pura debilidad.
Todavía El Rey,
Con sus cajitas elegantes,
En ceremonias de gala
Y vestidos con pendones de niño,
Muy coloridos y ridículos,
Pone collares y cruces
Que llama siempre igual:
Isabel
La
Católica.
Ya Álvaro Uribe pudo tener uno.
Nairo nunca tendrá nada.
Para Quintana
Son como los del resto de España.
Sea amable, indiecito,
Lléveme pronto al líder
Cargado a cuestas por la montaña.
Pero como todos los planes
Trazados desde la Madre Patria
Nada salió como se pensaba.
Jamás hubo especias ni Indias,
El dorado era una mentira.
Los comendadores no sabían
Precisamente
Si la montaña era virgen
O la virgen montaña.
Demasiada coca y mucha pachamama
Hacían sospechosa tanta sumisión.
Calma chicha la llamaron:
El indio, aunque ya poco,
Se alborotó,
Y el negro, aunque encadenado,
Se les escapó.
Al resto pues,
Se le asfixió.
¡Insoportable!
El Rey todavía manda a callar.
Sus Jaurías, que ya solo ladran,
(Ases, marcas o El País),
Se empeñan en partir troncos
Que dicen podridos de tiempo atrás.
Ese pasado, lleno de órdenes de capataz,
Suena muy seguido en el encierro actual:
Compran agua de los Andes
Para hacer lamer;
Cambian de nombre a los sistemas públicos de salud,
Y hacen doler;
Extienden cables largos de comunicación
Para Mentir y vender.
Es pura debilidad.
Todavía El Rey,
Con sus cajitas elegantes,
En ceremonias de gala
Y vestidos con pendones de niño,
Muy coloridos y ridículos,
Pone collares y cruces
Que llama siempre igual:
Isabel
La
Católica.
Ya Álvaro Uribe pudo tener uno.
Nairo nunca tendrá nada.
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